LA COSTA: VILLANOS Y SUPERHÉROES EN TIEMPOS DE CRISIS

Desde hace varios meses tenemos la sensación de que han desaparecido las amenazas de construcción sobre nuestra costa. Tal vez sean muchos los que piensen que esta maldita crisis tiene su lado positivo: “No hay dinero y por tanto no se puede construir más en nuestro litoral”. Pero seamos sensatos: No hay nada de positivo en esta crisis, lo único y de haberlo – y valga esto como reflexión personal-, sea el cambio de conciencia que se está produciendo a nivel global sobre este sistema que cada vez convence menos, apostando por un nuevo orden más justo y equilibrado en el que las riquezas estén mejor repartidas, y en el que desaparezcan las constantes amenazas y agresiones sobre nuestro planeta.

el palmarA los que piensan que sobre nuestra costa ha desaparecido el peligro del ladrillazo hay que advertirles y decirles que están algo equivocados o confundidos, es más, tal vez estemos en uno de los momentos más delicados y vulnerable por los que ha pasado nuestro castigado litoral, ya que lugares privilegiados que durante la burbuja inmobiliaria han estado abrigados por el manto de las muchas figuras de protección que existen, y por los muchos planeamientos de ordenación del suelo que también se han hecho -con más o menos acierto-, ahora con la gran crisis se cuestionan y debaten, quedando bajo el desamparo que supone la denominación de “Interés Público o Turístico”. Un halo de incertidumbre los ilumina poniéndolos en peligro. Sepan que cualquier parque natural o espacio protegido es vulnerable y queda totalmente expuesto a su suerte ante este tipo de declaraciones. El “Interés Público” prevalece sobre cualquier otro interés, por lo que podemos decir ahora que están más en peligro que nunca nuestros últimos parajes libres de construcción en nuestra costa. Evidentemente a estos términos se recurre cuando el momento es crítico y se busca desesperadamente una salida de emergencia. Al final estas “conductas de escape” terminan engordando el problema convirtiendo la situación en algo cada vez más insostenible.

En estos años en los que han hecho su agosto concesionarios de coches, inmobiliarias, cadenas de imagen y sonidos, restaurantes y otros muchos sectores, cuando aparecía la figura del especulador con la cartera bajo el brazo en la que portaba sus propuestas para construir en los límites o en las vísceras de un parque natural, se le despachaba con un rotundo no o, más sutilmente –aunque no siempre- se le indicaba la salida poniéndole infinidad de limitaciones, trabas y obstáculos. Pero a día de hoy ni por asomo se procede así con estos individuos y sus panfletos. Los responsables de preservar estos espacios empiezan a subestimar el impacto que pueda tener la puesta en escena de estos “redentores proyectos” sobre el área en general, o sobre las especies en particular que se encuentran en la zona, porque hay que liberar al municipio de todos los demonios que le acechan o poseen… Nuestros políticos tienen que dar respuestas rápidas a las demandas de empleo de una población que empieza a desesperarse, y a controlar la agitación social provocada por la pérdida del estado de bienestar que tanto costó alcanzar. Y así ofertan por la vía fácil, y tremenda, soluciones que a la larga agravan más los problemas. Les basta con abrir la puerta, recibir con abrazos, e invitar a tomar asiento a los inversores-especuladores para que presenten los proyectos que sacarán al municipio de esta lacra.

surf el palmarVerdaderos despropósitos aplaudidos por nuestros dirigentes que, con la proclamación del Interés Público, ponen el mantel sobre la mesa para que estos obscenos sigan devorando al mundo. ¿Funcionan como esclavos que sacan brillo a los zapatos de los mercaderes? ¿Son parte de la cadena? El hecho es que de esta forma tan indigna se dicta sentencia en perjuicio de nuestros espacios naturales y, por extensión, de nuestro futuro: agotan nuestros últimos recursos, nos dejan sin materias primas para hacer el pan… En definitiva siguen hipotecándonos. Pero pseudopolíticos, inversores-especuladores y propietarios sin escrúpulos, salen bajo palio de los despachos con la típica sonrisa cínica que les caracteriza y la ironía de proclamar a los cuatro vientos que lo hacen todo por el bien ajeno, por aquel que está desempleado, por el que ha sido o está a punto de ser desahuciado, por el joven que aspira a tener su primer puesto de trabajo, por el pensionista que teme por el futuro de su pensión… Pero la indignación va ganando terreno y cada vez son menos los creyentes que se aferran a palabritas llenas de Esperanza… El indignado es como un enfermo terminal que se ha quitado la venda y afronta su destino aunque no consiga regular sus arritmias por mucho que oiga o lea en los medios la cantidad de salvavidas que van a repartir nuestros políticos. Aquí hay menos barcazas que en el Titanic y como allí, sólo habrá sitio para los ricos. ¿En verdad buscan nuestros gobernantes respuestas a los problemas que nos afectan y acechan, o sólo se mueven por el afán de continuar, de mantenerse y en definitiva de conservar la vara de mando? ¿Es el pan de los otros el que les preocupa, o el temor a encontrarse con ellos en la misma cola? Evidentemente son tiempos de extrasístoles y vahídos. Tiempos en el que el “Interés Público” suena a chiste y se interpreta como un farol más de este desacreditado clan que constituyen un porcentaje alto de nuestros políticos.

Pero también están en esta película los incrédulos totales, los que sólo perciben palabrería en estos artesanos de la astucia. Son muchos los conservacionistas, que no “conservadores”, que consideran a los políticos simples marrulleros. Quien tiene la última palabra es “Don Dinero” y éste ahora está sin un puto duro. Vaticinan la “Great Depression” pese a todos los esfuerzos y pataletas habidas y por haber. Son conservacionistas, del medio, que sostienen que ni por Interés Público, ni Turístico ni “ná de ná”.” Que no se hace nada porque sin dinero nada se puede hacer y que menos se hará porque lo peor está por venir”. Pero por otro lado estamos los que seguimos en estado de alerta. Los Villanos no son seres anónimos, van de benefactores y se ponen alas de ángeles para proclamar a diestro y siniestro que van a sacar al mundo de esta jaula que ellos mismos han construido, y apuestan por lo de siempre porque les ha ido de puta madre, porque el beneficio real seguirá siendo para ellos, y al pueblo… pues eso, que le sigan dando que “pa” eso es pueblo. El mal trago, la mala uva, el desazón, le penuria y la angustia se amilana con ansiolíticos… Ellos siguen viviendo su vida. Para ellos siempre es tiempo de invertir, de especular, de arrebatar, de comprar… siempre es tiempo de exprimir la uva y elaborar un buen reserva. Sus “señorías” no juegan a la tómbola sino a una especie de Monopoly donde todos quieren hacerse con el mayor número de calles, y como en todo juego, unas veces se gana y otras se pierde, pero más tarde o más temprano el que perdió todo lo vuelve a ganar y viceversa. ¿Cuántas veces hemos oído decir que la historia se repite? ¿Cuántas veces los hemos podido constatar? Estos empedernidos ludópatas nos marcan los ciclos, los períodos, las horas, los minutos… afectan el ritmo y el curso de nuestra propia vida. Este juego no tiene fin, no para de jugarse, se inicia y reinicia y ahora lo está recargando, si acaso, con más emoción… Pero fuera como fuere volverá a repetirse lo de siempre. ¿A caso creen que no vamos a volver a llenar los silos? ¿A caso creen que el Audi que compraron hace cuatro años va a ser el que transporte a sus familiares a su funeral? ¿Qué la TV de Plasma no la van a poder cambiar por una LED en 3D? Miren, el dinero sigue existiendo. Los billetes de 500 euros no circularán como antes, pero haberlos haylos (los tienen ellos), y los grandes especuladores están haciendo el negocio del siglo: “Compro este suelo que hace cinco años costaba cien por 40 o mucho menos, porque el propietario -sea particular o ayuntamiento-, está a punto de ponerse la soga al cuello y si ahora no puedo construir… ya lo harán mis hijos o nietos…” Está claro que en definitiva el fin es continuar con la saga, que todo quede, o vuelva, a las manos “legítimas”. El fin es como el de las especies: preservarse.

No nos queda otra que, o dar la vuelta al sistema y empezar a fraguar uno nuevo (difícil y poco probable), o empezar a exigir e imponer una serie de cambios sustanciales que nos permita acceder a la mesa de juego y jugar a este particular Monopoly poniendo sobre el tapete nuestras propias reglas: ¡No todo se vende! De Interés Público es la salvación del Planeta y su conservación. De Interés Público es preservarlo de las garras de los Villanos y sus secuaces.
Queremos disfrutar de nuestra herencia: ¡El planeta que nos han dejado! Queremos abandonar este mundo llevándonos la imagen de la última puesta de sol que vimos estando tumbados sobre las dunas de mangueta o el palmar, con el eco de pajarillos silvestres, el mugido de las retintas autóctonas y el arrítmico lenguaje del mar cuando alcanza las orillas con sus olas, a modo de sosegados jadeos. Y podremos testar, como testan los duques sus títulos, para que sean nuestros hijos, y los hijos de ellos así como sus nietos, los que puedan también experimentar el éxtasis que produce la playa de Trafalgar cuando amanece, cuando la cubre el sol y cuando anochece. Tal cual es, tal como fue, tal como tiene que seguir siendo…

Por esto mismo, porque nos pertenece y pertenece a nuestras futuras generaciones, porque queremos también preservar nuestra especie, tenemos que estar expectantes, siempre en vigilia, controlando y poniendo trabas a las ansias de todos aquellos villanos, verdaderos príncipes endiablados de la finanzas, y a sus serviles peones que utilizan nuestros votos depositados en las urnas para beneficiarlos a ellos en vez de a nosotros. Tenemos que seguir actuando como si mañana fueran a levantar los macrohoteles, minihoteles o simples Jaimas, porque tenemos que defender la herencia que nos dejaron porque tenemos la responsabilidad de dejarla a los que vienen. Este ejército de Superhéroes no puede languidecer, no puede dormirse en los laureles. Hay que seguir luchando, tenemos que seguir en activo, entrad en https://www.salvarelpalmar.es/ firmad, participad y compartid. ¿Quién sabe? Así pasen cien años, que desde Tánger -en las noches de lucha nueva-, sigan viendo la costa española oscura -opaca en las lunas claras-, y salpicada por pequeños núcleos de luz: Tarifa, Barbate, Vejer y Conil, de manera que se confundan con luciérnagas y no con bloques de hormigón.